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lunes, 22 de febrero de 2010

Pocos logran enfrentarse a la oscuridad.

Es sólo la pesadilla que me evade, que quiere que me engañe a mí misma. Me decea consumir, convertir mi vida en un infierno, quitarme las alas. Sólo quiere ahuyentarme de todo y de todos. Aprovécha ese momento en el que todo está mal, aparece para terminar con todo lo -poco- positivo que hay. Me quita las fuerzas, y me obliga a encerrarme en mis propios sueños que aún no se cumplieron. El miedo que lo acompaña me sofoca. Termina con aquellas pocas esperanzas que habían. Un puñado de dulces sentimientos se ván volando, hacia dirección opuesta. El miedo los ahuyenta. Envenena, consume, y sin nada te deja. Ni la mitad de lo que había podés encontrar. Te atrapa con sus garras, te llena de impuresa, y simplemente te lleva hacia lugares oscuros, te lleva a la oscuridad misma. Allí no existe libertad, no existe el amor, hay simplemente esperanzas quebradas, y sueños rotos que hoy se convierten en pesadillas.

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Cansada de remar donde no hay agua.